viernes, 2 de enero de 2009

“Parecía la viuda de Alberto Fernández”

Veintitres
Graciela Ocaña
Con Eva Perón. Es una de las imágenes de su despacho que más le gusta mostrar.
Con Eva Perón. Es una de las imágenes de su despacho que más le gusta mostrar.
30-12-2008 / Lla ministra del kirchnerismo con mejor imagen habla de todo: denuncia a las droguerías, critica a Lilita Carrió y le pide al Gobierno que rearticule el campo popular.
Por Graciela Moreno

No fue un año fácil para la ministra de Salud, Graciela Ocaña. Pero logró salir invicta. Ganó la pulseada y consiguió que desplazaran a Héctor Capaccioli de la Superintendencia de Servicios de Salud, pero sufrió el alejamiento de Alberto Fernández y hasta resistió una fuerte operación para echarla del Gobierno. Denunció que había muchos “yabranes” en el negocio de la salud; recibió varias amenazas de muerte –en las que sospechan hasta de su propia custodia–, y hasta decidió impulsar 400 sumarios contra obras sociales sindicales. Aferrada a su fe, tiene en su despacho casi media docena de imágenes religiosas. De su cuello cuelga un rosario, su pulsera también lleva varias cruces y por si fuera poco, su colgante es una cruz y un símbolo musulmán contra la mala suerte o “contra los que te tiran energía negativa”, aclara. Con 48 años, Ocaña se convirtió en una de las funcionarias más respetadas del kirchnerismo, algo que la habilita para ser también una de las más autocríticas de la gestión K. Sigue sin callarse nada, da los nombres de los “yabranes” de la salud y hasta los vincula con la Administración Nacional de Alimentos, Medicamentos y Tecnología Médica (ANMAT).

–¿El alejamiento de Capaccioli fue uno de los logros más importantes de su gestión?

–No es para mí un tema de victoria. Lo más importante es cambiar viejos sistemas, porque acá le podés poner el nombre de Capaccioli u otro y es más o menos lo mismo, como lo que pasaba en el PAMI. Los gobiernos cambiaban, pero todo seguía igual. Lo que nosotros queremos cambiar en la superintendencia son los procedimientos, es decir que el dinero que debe ir a la seguridad social vaya a la seguridad social. Si hay una denuncia de algún afiliado, que sea tramitada y que no haya algunos expedientes con camino muy rápido y otros con camino muy lento. Yo no tengo nada personal contra nadie. –Después de las amenazas, ¿siente miedo?

–No es que yo sea muy valiente, pero la verdad creo que cada uno tiene un destino personal. Estoy preocupada, y se lo dije a la Presidenta, por las cincuenta personas que trabajan en el ministerio y son patoteadas. Parece que acá había gente que pensaba que el ministerio era de ellos, y que nunca nadie iba a ejercer ningún tipo de control y eso ha cambiado. Si alguien tenía esa idea, cambió a partir de que comenzamos con esta gestión. Nosotros intervinimos el área de control de sanidad de fronteras y ahí se han recibido amenazas. A mí me duele mucho, fueron amenazadas en plena calle y con cosas burdas de otras épocas, como sacarles fotos para mostrarles que las tenían identificadas. La última amenaza fue hace un mes.

–¿Qué sintió cuando recibió amenazas de su propia custodia?

–Esa fue hace dos o tres meses. La verdad que lo que más duele es cuando te enterás que las mismas personas que deben ejercer la función de custodiar a las personas de la institución son las que realizan este tipo de acciones. Máxime cuando estas personas, en lugar de tomarse algunas medidas, no son ni siquiera separadas, y algunas hasta son promovidas a ámbitos donde se está produciendo la investigación. Eso es preocupante. Básicamente porque uno sabe que algún personal policial está involucrado en el tema de avisar de cualquier operativo, entonces es muy difícil así.

–¿La gente que la amenazó dónde está hoy?

–Entiendo que lo han sacado de aquí, pero está en otro lugar en la administración de la policía. Deberán hacerle sumario. Pero tengo la tranquilidad de que el juez está llevando una prolija investigación. Quiero que todos podamos trabajar tranquilos, como dijo la Presidenta: “Hagan todo lo que tienen que hacer porque nosotros no tenemos ningún compromiso con nadie”. Me siento segura.

–¿De qué sectores provienen las amenazas?

–Evidentemente está gente creía que podía hacer cualquier cosa. En muchas droguerías se venden hasta medicamentos robados a este ministerio. Hay 430 causas en la Justicia, y la verdad que cuando uno hace un cruce, si se analiza causa por causa cómo están en la Justicia, es muy difícil encontrar una lógica. Ahora cuando se analiza el 70 por ciento de los hechos siempre aparecen cinco, seis o diez droguerías.

–¿Cuáles son las principales?

–La principal es una droguería que se llama San Javier. Después, la que era de Sebastián Forza, la que era de Ariel Vilán, Unifarma y también Bisol, que es de una persona que se desempeña, históricamente digamos, no tiene que ver con las actuales autoridades de la ANMAT pero es el hijo de una persona que trabaja en la ANMAT, donde siempre aparecen también medicamentos falsificados o robados. No puedo abrir juicio pero se está haciendo una investigación sumaria. Después está la droguería Romalá. La conozco bastante porque llevó adelante distintas maniobras perjudicando al PAMI, hizo una estafa de tres millones de pesos con medicamentos para la hemofilia. Otra droguería es Prefarm, vinculada a distintos hechos, a los facturadores de la causa Skanska, y está relacionada con el tema de la efedrina y tienen hasta droguerías satélites.

–¿Siguen existiendo “Yabranes” en la salud?

–Como pasaba con Alfredo Yabrán, en la salud, en el desconocimiento está el poder de muchos. Cuando uno recorre las distintas provincias se encuentra con gente como Néstor Lorenzo, que si te remontás, lo encontrás en la causa de la leche podrida de Miguel Angel Vico. Hay gente que, como nadie la conoce porque nadie le ha sacado la máscara, sigue dando vuelta alrededor de la ilegalidad, alrededor de la coima, alrededor de una Argentina que creo que debe ser enterrada y todos estamos haciendo esfuerzos. Otro ejemplo es Néstor Jaimovich, dueño de la salud en Córdoba; el grupo de Carlos Abraham en Santa Fe, más conocido como “Los Carlitos”, en la salud. Yo di muchas peleas contra ellos en el PAMI, muchas. Me amenazaron, me iniciaron querellas, me denunciaron falsamente. Han hecho de todo y esas mismas personas siguen estando en el sistema, y nosotros lo que necesitamos es que esos señores desaparezcan para que el dinero que debe ser para pagar a las enfermeras, comprar insumos, mejorar la infraestructura, sea utilizado para eso.

–¿Falta una decisión política?

–No, creo que la decisión política está. Si no, por ejemplo, yo no hubiese nunca podido hacer lo que hice en el PAMI. Ahí claramente hay una decisión política de Néstor Kirchner, que el primer día me dijo: “Quiero terminar con la caja histórica que existió para la política en el PAMI”.

–¿ Qué sintió cuando se corrían los rumores de que se alejaba del cargo?

–La verdad, yo soy una auxiliar de la Presidenta. Mi renuncia está a su disposición. Si no está de acuerdo con la gestión que estoy haciendo, o aun por una cuestión política, yo estoy dispuesta y doy un paso al costado en cualquier momento. Estoy aquí porque soy parte de un proyecto político y a lo que no estoy dispuesta es a renunciar a ese espacio de militancia. Siempre lo he dicho, desde cualquier lugar voy a acompañar este proyecto que ha sido para mí el proyecto político que más transformaciones ha hecho en el país en los últimos cincuenta años. Creo que es el mejor gobierno que existe desde que yo nací. Uno puede pensar que se podrían mejorar las cosas, se puede tener diferencias, pero te puedo asegurar que no tengo dudas, que no existe otro proyecto político para la Argentina que tenga que ver con la equidad, con la inclusión social, con una economía en expansión, con la generación de trabajo que para mí es, básicamente, lo que da dignidad a la gente. Creo que todavía faltan muchas cosas. Néstor Kirchner, como siempre dijo, llegó al purgatorio, sacó a la Argentina del infierno. Creo que a nuestra Presidenta le tocó un momento más complejo que es cuando uno tiene que poner las bases más profundas para cambiar el país. Kirchner comenzó pero creo que Cristina está llevando adelante la transformación real. Está dando una gran discusión como hacía muchos años no se daba por la redistribución del ingreso en la Argentina.

–¿Qué le pareció la aprobación de blanqueo de dinero teniendo en cuenta que formó parte de la comisión de lavado?

–Ahora, con las modificaciones, estoy de acuerdo. Más allá de que la AFIP no conozca cuál es el origen, sí lo tienen que conocer los bancos. Si vos me preguntás qué me parece, creo que los blanqueos en la historia de la Argentina no es que han generado la vuelta o el regreso de capitales en forma masiva. Pero teniendo en cuenta que vivimos una crisis mundial sin precedentes, creo que también amerita medidas extraordinarias; no es la que más me gusta.

–Se habla bastante de que podría ser candidata en la provincia. ¿Aceptaría?

–Con todos los problemas que tenemos los argentinos en la salud, no me parece oportuno hablar de candidaturas en este momento del año. La verdad es que no me lo planteo. Nunca he pensado en mi vida en función de candidaturas. Tampoco mandé a medir mi imagen, jamás lo he hecho.Siempre me he manejado por lo que creo, por eso soy medio marginal de la política.

–¿Qué sintió cuando se fue Alberto Fernández?

–La verdad que una gran tristeza porque yo tengo un enorme aprecio por Alberto. Te quiero decir una cosa: por quince días parecía la viuda de Alberto, todos me decían: “Cambiá la cara”. Estaba muy triste. Me afectó mucho. No porque tuviera un problema con Sergio Massa, con el cual tengo una excelente relación, hasta te diría en lo personal. En el manejo del día a día es mejor que con Alberto porque Sergio te contesta enseguida y siempre está dispuesto.

–Por sus dichos, se la nota cada vez más crítica de Kirchner.

–No son críticas a Néstor Kirchner persona ni a Kirchner como líder de un espacio político. Sino como la mirada de una dirigente que comparte ese espacio político y básicamente sus proyectos. Yo creo que Néstor Kirchner representa mucho más que un partido político. Acá se necesita una rearticulación del campo popular en la Argentina. Necesitamos volver a rearticular el campo popular bajo un movimiento nacional y popular que pueda ser el sostén político e ideológico del Frente para la Victoria y creo que la persona que puede llevar adelante ese desafío es Néstor Kirchner, que es el líder de todo ese espacio. Por eso me parece que recluirse solamente en el Partido Justicialista es un desperdicio. Hay que volver al kirchnerismo explícito, ese kirchnerismo que básicamente él representaba y que buscaba rearticular ese campo popular en la Argentina. Creo que eso es imprescindible.

–¿Qué opina de Julio Cobos?

–No puedo opinar sobre Cobos, lo que sí puedo decir es que yo como millones de argentinos lo votamos para que acompañe a la Presidenta, y él tiene que acompañarla. Para no defraudarnos a mí y a muchos otros votantes. La verdad que creo que es un buen hombre pero se equivoca, en no acompañar a la Presidenta.

–¿Volvió a encontrarse con Lilita? Ella insiste en que las hormiguitas van a volver...

–No tengo relación con Lilita. Ni encuentros clandestinos ni nada. La verdad que nosotras fuimos muy amigas, más allá de la política. Seguramente en algún momento nos tendremos que sentar frente a frente a tomar un café y conversar sobre nuestra relación personal, particular. Pero la verdad que yo discrepo con ella en cómo ve hoy la Argentina.

–¿Coincide con Kirchner en que Lilita es de derecha?

–Lilita ha hecho un giro a la derecha, centroderecha, como quiera llamarla. Básicamente porque me parece que sintió que con Néstor Kirchner, y esto lo discutimos varias veces cuando yo estaba en mis últimos días en el ARI antes de que me echaran, que nosotros teníamos que tener un acercamiento por la mirada de proyecto de país, porque estaba haciendo las mismas cosas que nosotros proponíamos, porque había que apoyar esa experiencia, porque lo que nos quedaba era sin duda corrernos a la derecha. Y la verdad es que nos quedábamos sin espacio. Así que creo que ella fue corriéndose desde el 2005. Hoy representa algo que yo nunca voy a poder representar.

–¿Por eso se acerca al Pro y a Cobos?

–Creo que ha vuelto a la vieja estructura de la Alianza, como que la está queriendo reflotar. Pero lo que a mí me preocupa como argentina es ese juntarse todos para oponerse a alguien. No juntarse con un proyecto. La verdad es que yo fui parte de la Alianza y lo que nosotros creíamos que podía ser un proyecto que diera cuenta de cambios profundos en la Argentina y terminó siendo peor de lo mismo. Entonces a mí me asusta eso de juntarse para ganar y no juntarse para cambiar o para llevar adelante nuevas propuestas.

viernes, 26 de diciembre de 2008

De Angeli y el "Führer"

jueves, 25 de diciembre de 2008

Argentina: ¿Cómo gritar?


Alberto Morlachetti


Prólogo a Nota: Ante el supuesto crecimiento de la inseguridad en territorio bonaerense el gobernador Daniel Scioli manifestaba ayer en conferencia de prensa, que para frenar el delito hay que bajar la edad de imputabilidad de los menores a 12 años. Tema controvertido que enfrenta a cientistas sociales desde hace muchos años. Scioli advirtió que en territorio bonaerense viven unos 400.000 menores de edad "sin trabajo y sin estudio". Sin duda estos pibes constituyen el objeto privilegiado de la punición y señalamiento social.

La nota publicada el 7 de abril del 2004 conserva plena vigencia:

Algunos periodistas de mala fama construyen opinión pública en busca de consensos para reprimir a los niños. Rossana Reguillo escribe que los signos son preocupantes. En la vida cotidiana, en los discursos políticos y periodísticos, va cobrando fuerza ese discurso autoritario, duro, de limpieza social, que amenaza con ganar adeptos porque ofrece la cómoda certidumbre de que la única salvación consiste en el exterminio de todos aquellos elementos que amenazan y perturban el simulacro de la vida colectiva que se mantiene a fuerza de murmullos y suspiros entrecortados para no despertar al demonio. Pero si bien no creo que estemos en el infierno, vivimos su anticipo.

García Márquez se preguntó alguna vez si la Tierra no será el infierno de otros planetas. Tal vez sea mucho menos: una aldea sin memoria, dejada de la mano de sus dioses en el último suburbio.

En eso andan los medios de comunicación, con letra de imprenta o imagen de 4 tintas. Las semillas de las palabras caen en la tierra de los condenados y la cubren con una vegetación delirante.

Radio 10, a través de su mentor, el "periodista" Daniel Hadad, se destaca en la Cruzada contra los niños "infieles", alentando a tomar por asalto las calles contaminadas de pibes de malabares para que puedan los "buenos peregrinos" derramar toda esa gracia inocente en el "Santo Sepulcro" de los supermercados.

Un cronista policial en TV habló de ladrones de "pantalón corto": de la maldad de los niños pobres, que no tienen códigos como los tenían los ladrones de ayer, expresaba con cierta nostalgia. Carlos Ruckauf -con su vocación intacta de mano dura- manifestó a Página/12 que "los jueces alientan a los asesinos".

Se ha transformando a los grandes medios de comunicación en la sede de una estrategia temporal de represión y menoscabo de la vida de los pobres. Somos consumidores del espectáculo siempre "deleitoso" de la miseria, de la tragedia y del espectáculo "conmovedor" de los esfuerzos de los que la provocan, para luego erradicarla, y ponen en el cielo un grito desgarrador: hay que bajar la edad de imputabilidad disparando a las víctimas.

Fue aquí -decía Camus- "donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa".

¿A qué edad imputamos a un menor? ¿A los 14 años? Parece no ser suficiente. ¿Quizás a los 12? ¿Hay discernimiento en esas edades? ¿Sabe un niño diferenciar lo bueno de lo que no lo es? ¿Lo prohibido de lo permitido? Manuel Ossorio, hombre de prestigio del Derecho, dice que "quien obra sin discernimiento absoluto no puede darse cuenta del alcance, del valor ni de las consecuencias de las acciones que realiza". El discernimiento puede estar disminuido por varias causas, las anímicas, el miedo, la ofuscación. ¿No está mutilado un niño que sufre hambre, abandono, que ha sido violentado, que vive a la intemperie? ¿No está afectado el niño que no tiene los insumos básicos de la crianza humana: la familia, la ternura, el abrigo, el pan?

Es entonces que dentro del ámbito del Derecho Penal los niños, afectados por la ausencia de derechos que nunca le otorgaron, no pueden discernir plenamente la índole delictiva del acto que realizan, porque no pueden diferenciar entre el bien y el mal.

Invocar discernimiento precoz es condición, pero no suficiente. Entonces, invocan las figuras más nefastas del oscurantismo penal, nos recuerdan la concepción positivista del "delincuente natural", las genéticas irreparables de nuestros niños pobres.

En La pena de muerte de Albert Camus y Arthur Koestler, este último escribe que en Gran Bretaña los niños de menos de siete años no eran pasibles de la pena de muerte. Sin embargo, entre los siete y los catorce años podían ser ahorcados si había contra ellos "una prueba evidente de perversidad". La perversidad producía la "mayoría de edad penal". Así, en 1801, Andrew Brenning, un niño de trece años, fue ahorcado en público por introducirse en una casa, forzando la entrada, y robar una cuchara. En 1833 un niño de nueve años fue condenado a la horca por haber robado, a través de una vidriera rota, unas tizas de colores.

Los medios de comunicación van contra la familia y le imputan engendrar más hijos de los que la pobreza le permite, de haber transformado la crianza humana en algo lábil, cuando procede el tiempo de los azotes, de utilizar a sus hijos, de convertirlos en pesadillas humanas. Y van contra la escuela pública por no haber puesto sus técnicas de dominación para someterlos. Esto ocurre en abril de este año. Pero es una historia que ya nos contaron los libros o nuestros abuelos con sus tertulias, esa memoria carnal que se transmite a través de las ternuras.

Cuando la inmigración en Argentina fue objeto del menosprecio social, a fines del siglo XIX y principios del XX, en realidad, lo que se buscaba era eliminar a los no asimilables, los hombres y mujeres que luchaban por sus derechos. Meléndez, en el año 1900, encontraba en la herencia una de las causas de la delincuencia de menores, principalmente en las colectividades italiana y francesa. Luis Agote, diputado por el Partido Conservador, decía el 27 de agosto de 1919 en la Cámara de Diputados: "Tengo en mi banca varias sentencias de jueces condenando por reincidentes a chicos de 10, 11, y 12 años de edad. Si se buscan los antecedentes de estos pequeños criminales, se encuentra que son lustrabotas, vendedores de diarios o mensajeros".

Hoy como ayer se oculta, se niega, se vela las causas que producen el maltrato y el abandono. Se trata como un fenómeno individual lo que es un producto social, y se le adjudica a la familia humilde una responsabilidad que es colectiva. La mayoría de los medios informativos no derrama una sola palabra, una sola imagen sobre el capitalismo que omite generar "condición humana".

En el espacio no euclidiano del nuevo milenio, una curvatura maléfica desvía invenciblemente todas las trayectorias. Es el fin de la linealidad, del progreso. En esta perspectiva, el futuro ya no existe, como lo expresa Jean Baudrillard.

Para todos los niños tiene la muerte una mirada, explotados directa o indirectamente por el sistema -son hoy como ayer- la expresión más elocuente de un continente de violencia y de explotación de la vida humana. El hambre que mata niños cada día, sin ese poco de pan que era obligado, sin la ayuda de aquellos que debieron cantarles.

Reflexiones sobre el pasado, el olvido y la (in)justicia

Ricardo Forster
22-12-2008 / El pasado continúa persiguiendo a la actualidad argentina como para recordarnos que aquello que no se resuelve ni se repara en términos de justicia sigue persistiendo como una mancha indeleble.

Pero también, si leemos el fallo de la cámara de casación abriendo la posibilidad de la libertad para, entre otros, el “Tigre” Acosta y Alfredo Astiz (dos de los máximos símbolos del horror dictatorial), nos remite a un problema no menor: la certidumbre de la falacia que tan recurrentemente suelen esgrimir algunos medios de comunicación juntamente con las máximas voces de la Iglesia y que nos vienen diciendo desde 1983 que sin olvido no hay reconciliación, y que sin reconciliación que logre clausurar de una vez para siempre los litigios del pasado no hay posibilidad alguna de abrir el horizonte del futuro. Algunos jueces han decidido, amparándose en los vericuetos legales, apurar el trámite del olvido buscando, ellos, cerrar los expedientes de la justicia allí donde la propia complicidad del sistema judicial permitió demorar sine die los procesos a los genocidas para generar, precisamente, este tipo de fallos vergonzosos. Lo que tal vez no alcancen a medir es que ciertos actos disparan situaciones inesperadas o le dan mayor consistencia a la presencia de lo que se intenta clausurar.
Años atrás el recientemente fallecido Víctor Massuh, filósofo y diplomático que actuó como funcionario de la dictadura en un lugar emblemático como la Unesco, escribió un sesudo artículo publicado en el suplemento cultural de La Nación en el que intentaba comparar la situación argentina –para él atrapada en el laberinto de una memoria sobredimensionada y atravesada por la lógica del rencor– con los casos de la Sudáfrica de Mandela y, en ese momento, con la política de paz que acercaba a israelíes y palestinos y tenía en Rabin a su máximo exponente. Massuh se manifestaba por el olvido como sustancia reparadora del tejido social y como garante de una genuina refundación capaz de dejar atrás los desencuentros y las violencias; para él eso era lo que había posibilitado la salida sudafricana del régimen del Apartheid sin enfrentamientos y la que estaba posibilitando la solución del conflicto en Medio Oriente. Había que salir rápidamente de la persistencia, entre nosotros, de la guerra civil, argumento que homologaba, desde la perspectiva de Massuh, el reclamo de justicia y de reparación que llevaban adelante los organismos de derechos humanos con lo que él consideraba una esclerosis de la memoria que reproducía las condiciones para la parálisis nacional. No resulta casual descubrir que por lo general los abanderados del olvido son los mismos especialmente interesados en que no se recuerden sus actividades en aquellos tiempos que buscan invisibilizar. El filósofo-diplomático era uno de esos personajes poco dispuestos a revisar sus responsabilidades, sus complicidades y sus omisiones. Algo para nada insólito en nuestro país.
Desde el intento de los últimos días de la dictadura por dictar una ley anticipada de autoinmunización e indulto hasta las permanentes intervenciones de la Iglesia que no dejó ni deja pasar ninguna oportunidad para esgrimir su teoría caritativa de la reconciliación, ciertas expresiones del establishment político, económico, jurídico y religioso han venido operando desde esta lógica buscando arrojar sobre la memoria colectiva un manto de olvido que tiene como corolario necesario la impunidad. Ya lo había iniciado el gobierno de Alfonsín borrando con una mano lo que había escrito con la otra al dictar las leyes de obediencia debida y de punto final que empañaban ese acto histórico que significó el juicio a las juntas y la conformación de la Conadep junto con el informe del Nunca Más; lo siguió Menem con su decreto indultando a los genocidas y buscando por todos los medios volver efectivo el deseo de su gobierno de generar, ahora sí, el borrón y cuenta nueva.
Desde las rebeliones carapintadas (encabezadas por quien hoy es aceptado en las filas del Partido Justicialista sin que haya revisado su actuación ni sus ideas en relación con la represión dictatorial, dato que no debiera pasarse por alto y que señala un núcleo contradictorio difícil de justificar por el mismo gobierno que ha hecho cosas importantísimas a la hora de derogar todas las leyes de impunidad y de acelerar los juicios a los militares) pasando por las declaraciones de una de las principales líderes de la oposición, Lilita Carrió, que ha expresado en más de una oportunidad su desacuerdo con lo que ella denomina un gesto de persecución hacia las Fuerzas Armadas, hasta las voces de algunos núcleos de la derecha argentina entramada con sus voceros oficiosos en algunos medios de comunicación que han visto una oportunidad de golpear en el corazón de la política de derechos humanos, la decisión de la Cámara de Casación a través de dos de sus jueces –Guillermo Yacobucci y Luis García– lleva agua para el molino de la impunidad y, más grave todavía, alimenta la idea de un cierre de los expedientes judiciales de la mano con una clausura jurídica de la memoria.
Sólo la ingenuidad podría desconocer la extraña “coincidencia” que llevó a la Cámara de Casación a dictar su fallo el mismo día en que en el corazón de la ESMA, lugar de infamia y muerte, se inauguraba la plaza que conmemora el día de la declaración universal de los derechos del hombre y que, juntamente con ese acto, se les otorgaba el premio Azucena Villaflor a Osvaldo Bayer y a Sara Rus. Bayer como portador de la memoria histórica, como aquel que volvió visibles a los invisibles; Sara Rus como emblema de una vida atravesada por el dolor más extremo y la convicción de luchar por la justicia (la vida de Sara expresa el núcleo horroroso del siglo veinte, aquello terrible que va de Auschwitz a la ESMA, pero también ofrece el ejemplo de una vida que ama la vida más allá de la violencia homicida, primero de los nazis y después de la dictadura videlista). Un mismo día para dos acontecimientos absolutamente opuestos; un mismo día en el que se volvió a poner en juego la memoria y su relación con el presente; un mismo día atravesado por el fantasma de la impunidad y el permanente reclamo de justicia

domingo, 14 de diciembre de 2008

“Si estamos unidos nos van a respetar”




NORBERTO GALASSO PRESENTA EL NUEVO CICLO DE LA CATEDRA LIBRE AMERICA LATINA


Durante dos meses, en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), la cátedra abierta abordará el conflicto rural y la situación de los recursos naturales, la crisis financiera de Estados Unidos y la oportunidad que la unidad regional le ofrece a Latinoamérica.

“Son tiempos excepcionales”, dice Jorge Giles. El comentario logra imponerse al sonido de un televisor que transmite videoclips desde un soporte amurado a la pared. El entusiasmo parece abstraerse del volumen de la música, del olor a carne a la parrilla, de las charlas entre estudiantes que revisan apuntes. Sentado en un típico bar universitario –en Marcelo T. de Alvear al 2200, frente a la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)–, Giles gira la cabeza a un lado. Bajo sus manos se ve el libro América Latina, unidos o dominados, cuyo autor, Norberto Galasso, le acaba de autografiar con una dedicatoria en la primera página.

–La cancha está libre para que jueguen maestros como Galasso –continúa Giles–. Y, si no, preguntémosle a Norberto qué pasaba treinta años atrás. ¡Diez años atrás!

–Todos me daban por loco –ríe Galasso.

Gustavo Koenig los mira desde el otro lado de la mesa. Se nota que comparten códigos; son tres generaciones unidas por el humor pero también por una mirada común sobre el mundo y América latina. Esa mirada es la razón por la que se encuentran sentados en un bar universitario, debatiendo sobre el conflicto rural, los recursos naturales, Bolivia, Unasur, la crisis financiera de Estados Unidos. Son algunos de los temas que abordará la Cátedra libre América Latina Ahora o Nunca, durante los próximos dos meses. Las clases serán los viernes, a las 21, en la Facultad de Ciencias Sociales.

Galasso es historiador y ensayista. Escribió más de cuarenta libros que dejaron su marca en el llamado pensamiento nacional. Giles es director del Instituto Nacional de la Administración Pública, fue dirigente de Suteba, fundador del Frente Grande y miembro del ARI, del que se fue en 2003 para sumarse al kirchnerismo. Coordinador de la cátedra, Koenig fue quien convocó a cada uno de los expositores. Aparte de Galasso y Giles, se irán turnando Mario Toer, Horacio González, Jorge Carpio, Jorge Rulli, Rubén Dri y Nahuel Beibe. “Con la cátedra queremos discutir todo, con eje en la integración latinoamericana para defender los recursos naturales”, dice Koenig.

–¿La cuestión de los recursos naturales no genera una contradicción entre los gobiernos progresistas de la región? –pregunta Página/12.

Galasso: –Depende de la fuerza. En Chile no privatizaron el cobre. Bachelet tiene un problema menor que el que puede tener Kirchner. Porque no tocaron la nacionalización. A Chávez le costó bastante el control de Pdvsa. Pero lo hace. Y cuando tiene que meter la mano sobre Techint, la mete. También depende de las historias de cada país. De nuestro Ejército, con las manos manchadas en sangre, no puede surgir un Chávez. Cada país tiene sus ritmos, su historia. Hay algunos que han avanzado más y otros que están avanzando menos en algunos aspectos. Si el Gobierno tuviera fuerza sería fundamental rescatar la renta minera y petrolera. Pero hay que tener fuerza. Porque apenas quiso tocar el campo, se creó un conflicto enorme en el que casi toda la clase media se puso en contra.

Giles: –La cuestión de los recursos naturales no genera contradicciones. Son matices. Venimos del peor de los mundos. Si se descontextualiza este proceso, si se lo separa del pasado inmediato del cual venimos, seguro que vamos a pifiar en la aseveración. En segundo lugar, somos parte de un proceso latinoamericano. No es una coincidencia que justo Brasil lo tiene a Lula, Bolivia a Evo, nosotros a Cristina, Ecuador a Correa. Es un momento particular que hay que aprovechar. Tenemos que seguir consolidando la unidad de los pueblos. Hoy alumbra Unasur como el punto de apoyo en el cual todos tenemos que hacernos fuertes.

–¿Hay una reconfiguración del capitalismo por el estallido de la burbuja de créditos hipotecarios? ¿Qué consecuencias puede tener para nuestra región, cuando Estados Unidos vuelve a poner en funcionamiento la IV Flota mientras enfrenta una grave crisis económica?

Galasso: –En la última cumbre del Mercosur se ha hablado del Consejo de Defensa Sudamericano, que es una especie de Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca al revés. Se está avanzando en ese compromiso de asistencia mutua. Esto ya se vio en el caso del apoyo a Evo. Cuando cayó Allende, hubo manifestaciones en la calle pero los presidentes y los países lo dejaron caer y reconocieron de un modo u otro a Pinochet. Ahora, en cambio, jugaron decididamente. Ayer me decía un amigo que vino de Bolivia que la bronca de los fascistas de Santa Cruz por la intervención de Unasur era tremenda. Y que estaban asombrados del hecho de haber quedado aislados. Estados Unidos usó la IV Flota para invadir Nicaragua, Panamá o México. Si estamos unidos nos van a respetar.

Giles: –En estos días se murió el paradigma neoliberal. Decía un pibe en un grafitti: “Hallazgo macabro, encontraron un muerto en un banco de Wall Street. Se cree que es el paradigma neoliberal”. ¿Qué quiere decir esto? Ese paradigma se expresaba en una fórmula muy sencilla. Si se juntaban dos bolsas de dinero, el resultado era más dinero que la suma de ambas bolsas. La valorización financiera. Se termina de derrumbar un sistema de ideas que alimentaba la acumulación de riqueza ficticia que se dio en estas últimas cuatro décadas. ¿Cuál va a ser la consecuencia de todo esto? A partir de ahora la riqueza se va a parecer más a la riqueza real de los pueblos: a la producción, a los recursos naturales, a lo que genera el trabajo. La riqueza va a volver a parecerse a eso. Se viene una etapa nueva que, como siempre, va a depender de qué seamos capaces de crear. A nadie le llega la hora si no hay nadie parado enfrente, o al costado, que se pueda avivar de que llegó un momento lindo y que se puede aprovechar para avanzar. Llegó un momento lindo. Lo estamos viviendo.

Koenig: –Cuando nosotros le ponemos a la cátedra Ahora o Nunca tiene que ver con eso. Respiramos un clima de época de urgencia, la unión latinoamericana es cada vez más necesaria. Con la cátedra queremos que se empiece a discutir en todos lados que la única posibilidad de defender nuestros recursos naturales es avanzar con los procesos de integración. Por eso pensamos una cátedra abierta, itinerante.

Giles: –En Bolivia se juega el destino de Latinoamérica. Si llegara a caer Evo, cosa que no va a pasar, el estrépito en términos culturales sería de un riesgo, de una magnitud, que nos dejaría huérfanos y podría ser el quiebre de este proceso de unidad latinoamericana. La derecha y el fascismo boliviano, los sojeros amigos de Eduardo Buzzi, Luciano Miguens y Llambías van por todo. No buscan la secesión, la guerra contra Evo es por el Estado boliviano. Bolivia es un símbolo de época.

–La derecha quiere que el Estado facilite la restauración plena del modelo agroexportador. ¿El espacio progresista tiene claro qué quiere con los recursos naturales?

Galasso: –En la experiencia de los pueblos lo que primero se aprende es lo que no se quiere más. Por ejemplo, el Consenso de Washington. Es la crisis de la idea de que el mercado regula. Ahora se funden los bancos y tienen problemas gravísimos. En Estados Unidos dicen que están haciendo una reestructuración, no sé cómo la harán, pero van a tener que bajar el nivel de vida. No van a poder seguir emitiendo dólares sin respaldo y hacer lo que quieran en todo el mundo. Un proyecto alternativo hay que forjarlo y elaborarlo colectivamente. Para empezar, tiene que haber intervención del Estado. A través del tipo de cambio hay que controlar la renta agraria diferencial que esta gente ha embolsado siempre y que antaño le permitió construirse palacetes como el de Anchorena y viajar por Europa. Y ahora les permite ser parásitos en los pueblos; porque no producen, viven de rentas.

Giles: –Tenemos un Estado desguazado, sin alma. Ineficiente para desarrollar un proyecto de país autónomo. Terminamos de atravesar cinco años de recuperación aún haciéndoles pata ancha a algunas situaciones ante las que no teníamos la fuerza suficiente como para bancarlas. Ahora tenemos cinco años delante para recuperar un Estado que no sólo esté a la defensiva en lo que hace a los recursos naturales, sino al contrario. Que esté a la ofensiva, recuperando todo lo que tiene que tener. O se logra con participación popular o no se logra.

sábado, 29 de noviembre de 2008

“La mayor cantidad de chicos que trabajan está en el campo”

Sur
Pilar Rey Méndez
La cultura que naturaliza este drama juega un rol clave contra su erradicación.
La cultura que naturaliza este drama juega un rol clave contra su erradicación.

Desde la cartera laboral señalan que hay 800.000 pibes explotados.

sociedad@miradasalsur.com

La Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti), dependiente del Ministerio de Trabajo, fue creada en 2000. Actualmente está a cargo de la licenciada Pilar Rey Méndez, que aceptó dialogar con Miradas al Sur.

–¿Existen datos acerca del número de chicos explotados?

–Permanentemente se está estudiando, tanto cualitativa como cuantitativamente el trabajo infantil. Hasta 2002 teníamos cifras que provenían de cruces estadísticos, porque nunca se había reflejado una proyección directa sobre el fenómeno. A partir de 2004, el Ministerio de Trabajo con el Indec realizaron la Encuesta Nacional de Actividades Infantiles de Niños, Niñas y Adolescentes de la República Argentina, en cada una de las provincias. En la primer toma se analizó el NOA, NEA, la provincia de Mendoza y el Conurbano bonaerense, y en una segunda etapa Misiones y Córdoba. Aproximadamente, sumando los porcentajes obtenidos, hablaríamos de 800.000 chicos de entre cinco y 14 años, que trabajan en el país.

–¿Qué presupuesto se destina a erradicar este flagelo?

–Es difícil estimarlo porque proviene de partidas presupuestarias de distintos ministerios, tanto de la cartera laboral como de la educativa. En la agenda política del doctor Carlos Tomada se priorizó la erradicación del trabajo infantil, por lo que no hay tope.

–¿De qué manera el Estado previene y defiende a los menores contra el abuso laboral?

–El Gobierno adoptó la postura abolicionista, es decir, no acepta el trabajo infantil en ninguna forma por debajo de la edad mínima de admisión al empleo que es de 15 años, y que pasará a los 16 para el bicentenario. La postura del Movimiento Internacional de Niños y Adolescentes Trabajadores sostiene, por el contrario, que el derecho a emplearse de los niños legitima su trabajo, excepto cuando se da en malas condiciones. Esta posición traduce lo que ha sido históricamente el empleo infantil: una herramienta de control social de la pobreza. Mañana en el Ministerio de Trabajo, vamos a reunir por primera vez al sector público y al privado, donde hay 63 firmas líderes. Analizaremos las cadenas de valor y convocaremos a empresarios para que nos ayuden en el diseño de soluciones alternativas. También preparamos a agentes de detección de niños explotados en el sector educativo y otorgamos becas para reinserción escolar, además de asignar a un asesor pedagógico. A través de la Secretaría de Empleo tratamos de conseguir trabajo para el adulto responsable del niño, y si está desocupado le damos el seguro de capacitación y empleo.

–¿Dónde se deberían buscar las causas de este flagelo?

–Los condicionantes más importantes tienen que ver con lo económico, pero sin dudas la pobreza es un factor determinante. También entran en juego otros condicionantes, como la cultura que naturaliza el tema. En el campo es dónde más trabajo infantil tenemos. El factor determinante es la falta de contención de los pequeños en las fincas y los grupos familiares que trabajan bajo el sistema de pago a destajo es decir, por unidad de producto.

–¿Cómo cataloga el Gobierno al trabajo infantil?

–Es toda actividad económica, remunerada o no, u estrategia de supervivencia realizada por niños por debajo de la edad mínima de admisión al empleo, o que no finalizaron el período que por ley se considera educación obligatoria, o que no hayan cumplido los 18 años, si se trata de un trabajo peligroso.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Atlas

Veintitres

Fundación polémica

Atlas, el think tank de la derecha argentina
Atlas, el think tank de la derecha argentina

Es el think tank de la derecha argentina. Defienden al establishment, rechazan la intervención estatal en el mercado y operan contra el gobierno K. Periodistas, represores y políticos, entre sus miembros selectos.

Nacieron en los Estados Unidos de la posguerra, cuando una elite de intelectuales, empresarios y políticos creyeron amenazados los pilares del free-market y la propiedad privada. Sesenta años después, y en la Argentina, escenario de los experimentos liberales más groseros, los think tanks de la derecha criolla gozan de buena salud, mueven sus fichas y no paran de hacer apuestas.
En el país, la Fundación Atlas 1853 es la “usina de pensamiento” donde lo más reconcentrado del liberalismo se da cita para defender al establishment y rechazar con espanto toda intervención del Estado en los asuntos del mercado. En el elenco estable de Atlas se codean desde cruzados del neoliberalismo y lobbistas del sector financiero, hasta represores reciclados en defensores de la democracia, como el recientemente detenido Julio Alberto Cirino, agente de inteligencia del Batallón 601 durante la última dictadura militar.

“Los Atlas” se definen como una entidad sin fines de lucro, pero sus directivos bien podrían formar una cámara de la industria del petróleo. Y más allá de su misión declarada –“la difusión del liberalismo para una sociedad libre”–, en los últimos meses sus cuadros lideraron las críticas más radicales al Gobierno, pidieron el juicio político para Cristina Fernández y no se cansaron de hacer predicciones en tono apocalíptico sobre el rumbo económico del país. Eso que el kirchnerismo suele exagerar al definirlo como “golpismo” y que la Fundación Atlas busca camuflar de “reclamo espontáneo”. Incluso, muchos de sus simpatizantes fueron los bloggers que, a través de cadenas de e-mails, mensajes de texto y arengas en clave conspirativa, operaron en los momentos más ásperos del choque entre los K y el campo y hasta en el debate por la estatización de las AFJP. El ala dura de los Atlas –casi una redundancia– convocó a los “autoconvocados” y llevó la logística de los cacerolazos más paquetes y reaccionarios. Es simple: defensores de la libertad individual, el libre mercado y la propiedad privada, toda regulación estatal se traduce en autoritarismo o, como gustan decir, “populismo”.

Con fecha de nacimiento el 9 de noviembre de 1998, a imagen y semejanza de la Atlas Economic Research Foundation de Virginia, Estados Unidos, los Atlas del Río de la Plata escriben sus artículos en tribunas como La Nación, Ámbito Financiero o La Nueva Provincia, publican libros de supuesto revisionismo histórico y dan charlas en círculos militares y universidades donde la intelligentzia local forma a sus líderes.

Cuadros. Para su labor, Atlas –que días atrás cumplió diez años– encuentra a sus mejores espadas entre los paladines de la derecha ilustrada. Por eso, uno de los niños mimados de su staff es José Benegas, el mismo que inició el ataque a los artistas populares en la revista Noticias y que fue repudiado en Veintitrés semanas atrás. Abogado, economista y antikirchnerista declarado, Benegas fue columnista del programa Fuego cruzado, de Marcelo Longobardi, y también arenga desde su blog personal, “No me parece”, donde el 27 de octubre último llamó a “empujar ya el juicio político a Cristina Kirchner y lograr su suspensión (...) para preservar cierto orden constitucional”.

Otro de los miembros estrella es la periodista Malú Kikuchi, amiga de la ex funcionaria menemista María Julia Alsogaray, devota de George W. Bush, Domingo Cavallo y Bernardo Neustadt. Kikuchi conduce por radio y cable el programa La Caja de Pandora, donde se queja y advierte. Entre otras cuestiones, vaticinó: “Los presidentes K, Ella y Él y los diputados y senadores, todos los que convierten lo anticonstitucional en norma, también sufrirán las consecuencias de sus actos. Es sólo cuestión de tiempo”.

Quien sí está pagando por sus actos es uno de los “expertos” que compartía mesa de trabajo con Malú: Julio Alberto Cirino, ex agente de inteligencia que en la dictadura actuó como nexo con la embajada de Estados Unidos. Cirino intentó camuflarse como periodista hasta que el 7 de noviembre pasado quedó detenido en Marcos Paz. Según la denuncia presentada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación ante el juez federal Ariel Lijo –que incluye documentos desclasificados del Departamento de Estado norteamericano–, Cirino “tuvo un rol clave en tareas de contrainsurgencia en Latinoamérica”, actuando entre 1977 y 1985 como agente civil del Batallón de Inteligencia 601. Ya en democracia, además de ser docente, historiador y columnista de asuntos internacionales en La Caja de Pandora, Cirino también despuntaba el vicio en el sitio web de la Fundación Atlas.

Por supuesto, en esas filas abundan los economistas. Además de Ricardo López Murphy, que suele ser aplaudido por toda la platea liberal, una lista rápida por los artículos de la página oficial en Internet incluye a Gustavo Kupfer –quien también es analista político y fue candidato de la alianza Pro-Recrear–; José Luis Espert, que definió a Néstor Kirchner como “el Chávez rubio”; Roberto Cachanosky, que desde su blog “Economía para todos” ya decretó que “este gobierno no tiene otro destino que colapsar”, y Manuel Solanet, secretario de Hacienda entre el ’81 y el ’82, con Leopoldo Galtieri en el poder.

Otros habitués de Atlas son el analista internacional Jorge Castro; el abogado Fabián Bergenfeld, quien había denunciado a la presidenta Fernández por usurpación de título y fue asesor de Juan Carlos Blumberg; el periodista Edgar Mainhard, director del sitio Urgente 24, varias veces vinculado a los servicios de inteligencia, y la diputada lopezmurphista Nora Guinzburg, exégeta de la teoría de los dos demonios, que enfrenta una denuncia en el Inadi por haber dicho en una entrevista con Veintitrés que los homosexuales son “una minoría caprichosa”.

De la partida también forman parte Armando Ribas, filósofo nacido en Cuba y militante anticastrista, y Juan Curuchet, de la Fundación Bicentenario, cuestionada en 2004 por la Inspección General de Justicia que le negó la personería porque de su estatuto surgían “propósitos de lucro”. En Bicentenario, muchos de sus integrantes tuvieron vínculos con UPAU, la pata estudiantil de la UCeDé de Álvaro Alsogaray, considerado por los Atlas de Estados Unidos uno de los “llaneros solitarios” que dieron “la batalla por el libre mercado y la prosperidad” en América latina. La hija del capitán ingeniero, María Julia, también colaboró con la sede norteamericana de la fundación en el invierno de 1996, luego cerrar la desastrosa privatización de la empresa de telefonía ENTel y ya como experta ambientalista.

La lista de los Atlas se completa con los aportes del consultor Rosendo Fraga, que acaba de prologar al historiador preferido por la derecha, el joven Nicolás Vásquez, otro columnista agasajado por los lectores de derecha. En 2006, Vázquez, Curuchet, Benegas y Bergenfeld, entre otros, recibieron el premio Atlas a la “Valiente defensa de la libertad” en el rubro periodistas. En 2007 fue el turno del CEO de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia. Entre los políticos, el diputado Pro Esteban Bullrich alzó el galardón a los “Jóvenes Líderes”.

“Joe”. Los miembros fundadores de Atlas son los empresarios Guillermo “Billy” Yeatts y José Antonio Esteves, quienes además de estar “fuertemente comprometidos con las ideas liberales” tienen lazos con el negocio del crudo, firmas de envergadura global y la política de los años de plomo.

Yeatts, que fue gerente de bancos y automotrices y hoy aparece ligado a las telecomunicaciones, forjó su carrera en el sector petrolero, operando desde Bolivia hasta Tierra del Fuego. A fines de los ’90 era parte de Phoebus Energy LTD, empresa radicada en Bermudas y controladora de Sol S.A., la petrolera que durante la última dictadura tuvo estrechos lazos con la dirigencia político-militar.

Economista de las universidades de New York y Harvard, un año antes de fundar Atlas, “Billy” recorría despachos con la idea fija en cambiar las leyes que rigen sobre los recursos bajo tierra. Su tesis era simple: el libre mercado debía llegar al subsuelo, a la usanza norteamericana, para que el Estado dejase de intervenir en el negocio del oro negro. Para Yeatts, que escribió dos libros al respecto, en Latinoamérica el sector tiene reglas “perversas” que desalientan la inversión privada.
El mismo sueño había obsesionado al ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. No es casual. El propio “Joe” supo sentarse en el directorio de Sol S.A., donde también hizo negocios el fallecido represor Guillermo Suárez Mason, jefe del I Cuerpo de Ejército y mandamás en los “chupaderos” Automotores Orletti, La Cacha, el Pozo de Banfield y el Olimpo. En 1982, tras la caída en la guerra de Malvinas, Suárez Mason recaló en la cúpula de YPF, donde no perdió viejos hábitos. Según la periodista María Seoane –coautora del libro El Dictador, sobre la vida de Jorge Rafael Videla–, “desde allí vendió nafta adulterada a través de la empresa Sol Petróleo S.A., que sirvió para financiar las operaciones de los grupos de inteligencia militar en la contrarrevolución centroamericana”.

El otro fundador de Atlas, el ingeniero Esteves, también estuvo ligado a Phoebus Energy y Sol Petróleo, y entre 1979 y 1981 declara haber sido “asesor de la Secretaría de Estado de Energía”. Socio vitalicio del Jockey Club y miembro honorario de la orden militar-religiosa de los Caballeros de Malta, hoy preside Ez Holding S.A., dedicada a la extracción de crudo y con operaciones exploratorias en Chubut. En 2002, Esteves creó Espezor S.R.L., dedicada al negocio turístico e inmobiliario, donde tiene como socio al banquero y petrolero José Luis Zorraquín, del grupo Garovaglio & Zorraquín.

Orgullo liberal. La Atlas Foundation de Virginia, origen de muchos de los “tanques” que crecieron en Latinoamérica, nació en 1981 por iniciativa del empresario inglés Anthony Fisher, quien, después de amasar una fortuna con la cría intensiva de pollos, se dedicó a financiar entidades liberales. Según relata el sociólogo Daniel Mato en un trabajo sobre la difusión de las ideas liberales en América latina, Atlas tenía una misión clara: “Crear think tanks liberales en todo el mundo”.
Fisher, que en 1988 fue nombrado caballero por Margaret Thatcher, siguió a su vez la enseñanza de Friedrich Hayek, padre de la Sociedad Mont Pelerin y gurú del liberalismo moderno. A mediados de los ’50, Hayek, que bregaba por “un gobierno mínimo”, alertó sobre la “disminución en la creencia en la propiedad privada”, y para contraatacar le aconsejó a Fisher que la clave no estaba en incidir sobre los políticos, sino sobre los intelectuales, para que ellos influyeran en la opinión pública.

Para orgullo de la intelligentzia criolla, desde 1991 la Atlas Foundation tiene un presidente oriundo de la Argentina: Alejandro Chafuen. La leyenda cuenta que en 1980 fue la persona más joven en ingresar al selecto grupo de intelectuales de la Sociedad Mont Pelerin. Seguidor a ultranza de las ideas de Ayn Rand –autora del best seller liberal La rebelión del Atlas–, Chafuen se define a sí mismo como católico romano, cultor de la filosofía de libre mercado y con influencias “tomistas”.
Economista graduado en la Universidad Católica Argentina (UCA), Chafuen fue docente en varias universidades, asesoró a compañías de seguro y financieras, y entre 1980 y 1982 fue columnista de los diarios La Nación, El Cronista Comercial y La Nueva Provincia, este último propiedad de Vicente Massot, defensor de todo aquello que sea verde oliva y siempre listo para pedir mano dura.

En una entrevista periodística, “Alex” fue claro: “Crecí con una mentalidad antifascista por oposición a Juan Perón. Fue mi despertar como adolescente en la Argentina y de allí vino todo un conjunto de valores políticos. Aprendí a descreer del Estado”. Y llama a la unidad del campo liberal. “La división –explica– facilita la labor de líderes populistas como Chávez, Kirchner o Evo Morales”.

En su país natal, los Atlas argentinos siguen sus palabras religiosamente. Y acechan. Sabedores del latiguillo de que crisis también es oportunidad, actualizan sus blogs, envían e-mails y hacen siempre la misma apuesta.